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Sofá de cuero de plena flor Krieger

¿Cómo mantener un sofá de cuero de plena flor?

Artículo publicado el 28/08/2025
Artículo modificado el 28/08/2025

Descubra cómo cuidar correctamente un sofá o sillón de cuero plena flor. Gestos sencillos, errores que hay que evitar y consejos de expertos para realzar el material con el paso del tiempo.

El cuero no es un material fijo. Respira, evoluciona, se patina. Ya vista un sillón club, una silla de líneas definidas o un sofá generoso, el cuero de plena flor ?especialmente el anilina? merece atención y cuidado. No por capricho, sino para revelar plenamente su belleza, su flexibilidad y su profundidad.

En pib seleccionamos cueros de gran calidad, por su tacto natural y su durabilidad. Estos cueros son trabajados a mano, sin ninguna intervención mecánica. Procedentes de Argentina o Brasil, han sido elegidos entre el 5% más cualitativo de la producción mundial.

Este artículo le acompaña en el cuidado de sus muebles de cuero: para que duren, para que vivan, para que le cuenten una historia.

Cuero de sofá Almond

Comprender la naturaleza del cuero

Antes de hablar de paños o cremas, es esencial entender qué se está cuidando. No todos los cueros son iguales, ni en apariencia ni en comportamiento.

El cuero de plena flor anilina es el más noble: conserva las irregularidades naturales de la piel, con un matiz sutil y un tacto de gran riqueza. Respira, absorbe, evoluciona con el tiempo. Es un material vivo, sin filtro, que cuenta su historia.

El cuero semianilina recibe una ligera protección: más tolerante en el día a día, sigue fiel al espíritu del cuero natural.

El cuero pigmentado o corregido está más tratado, pero pierde matices y flexibilidad. En cuanto a la flor dividida, ofrece una opción más accesible, a costa del tacto y la pátina.

Conocer su cuero es cuidarlo mejor. Y permitirle atravesar los años con elegancia.

Cuero de sofá Red Baron

Los pequeños enemigos del cuero

El cuero no teme la vida, teme los excesos.

La luz directa, en primer lugar, altera los tonos y reseca el material. Un cuero demasiado expuesto al sol pierde poco a poco profundidad y flexibilidad. Del mismo modo, el calor excesivo o un radiador demasiado cerca pueden volverlo quebradizo.

Por el contrario, la humedad estancada favorece el moho. El aire debe circular, sin exceso. Una habitación bien ventilada y templada es la aliada natural del cuero.

Los productos de limpieza convencionales ?toallitas, jabones fuertes, desengrasantes? están prohibidos. Agreden los acabados, alteran el color y resecan la superficie.

Por último, los gestos cotidianos tienen su peso: roces repetidos, contacto con tejidos oscuros (especialmente vaqueros brutos), mascotas... Todas estas interacciones marcan poco a poco el material.

El mantenimiento diario

El cuero pide poco, pero con regularidad. El objetivo no es hacerlo brillar, sino preservarlo con acierto.

Para los cueros de plena flor anilina o semianilina, se recomienda desempolvar suavemente la superficie una vez por semana con un paño suave y seco, tipo microfibra. Este gesto evita la acumulación de partículas que con el tiempo pueden dañar el material.

Para los cueros pigmentados o corregidos, se puede usar ocasionalmente un paño ligeramente humedecido, ya que el acabado protege más la superficie. Sin embargo, es preferible la moderación en los gestos para evitar un desgaste prematuro.

En todos los casos, asegúrese de una buena ventilación de la habitación, evite la luz directa prolongada y limite el contacto con tejidos abrasivos o que destiñan. Son las atenciones discretas las que marcan la diferencia.

El mantenimiento en profundidad

Dos veces al año, un cuidado más completo permite nutrir y preservar el cuero. Pero, nuevamente, la naturaleza del material determina el gesto adecuado.

Para los cueros de plena flor anilina, la sobriedad es esencial. Use un paño apenas humedecido con agua tibia para limpiar la superficie sin frotar. Después, aplique una crema nutritiva específica para cuero anilina ?sin disolventes, sin silicona, con pH neutro?. Prefiera productos que penetren sin crear una película brillante. Deje reposar y luego pula con un paño seco y suave.

Para los cueros semianilina, se puede aplicar el mismo cuidado con algo más de tranquilidad, ya que la ligera capa protectora limita los riesgos de manchas. El procedimiento es el mismo, evitando excesos de producto.

Para los cueros pigmentados, es posible una limpieza más intensa con un paño húmedo y un jabón suave especial para cuero. El nutrido es opcional, o se puede hacer con una crema más estándar, adecuada para cueros protegidos. Sin embargo, tenga cuidado de no saturar la superficie: incluso protegido, el cuero merece respeto.

En todos los casos, pruebe siempre el producto en una zona poco visible. Y recuerde que el exceso de cuidado puede ser tan perjudicial como su ausencia.

Pátina y autenticidad

¿Una marca, una arruga, un tono más oscuro? En el cuero de plena flor, no son defectos, sino signos de vida. Testimonian el tiempo, el uso y el vínculo que crea con su mueble.

Un cuero abandonado envejece; un cuero cuidado se enriquece.

Esa es la belleza del cuero de plena flor: no borra nada, lo revela todo. A condición de ser respetado.

Cuero de silla Weimar

El cuero en pib: una filosofía de lo duradero

La elección del cuero no es solo cuestión de estilo. Implica una manera de concebir los objetos: duraderos, sinceros, capaces de atravesar los años con gracia.

Nuestras colecciones en cuero de plena flor o semianilina están pensadas para vivir, no para decorar. Se inscriben en una estética sobria, atemporal, donde la materia habla por sí misma.

Desde el sillón club patinado hasta el sofá de líneas contemporáneas, cada pieza es un diálogo entre comodidad, exigencia y elegancia. Y cada cuidado se convierte en una manera de honrar esa relación.

Conclusión: entre cuidado y transmisión

Cuidar su sillón o sofá de cuero no es una obligación. Es un gesto simple, discreto, casi ritual. Una manera de acompañar la materia, prolongar su belleza y revelar su alma.

Respetando algunos principios esenciales, permite que su mueble adquiera una pátina justa, que envejezca con carácter. Para que le acompañe durante mucho tiempo y, quizá un día, acompañe otras miradas, otras vidas.

Porque un objeto bello no se posee, se transmite.

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